Jess, Lina, Manel y yo (1)

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Tengo la impresión de que todos los documentales que he hecho son historias de amistad, independientemente del tema tratado. En el caso de Llámale Jess la prueba está en que sigo manteniendo una relación estupenda con quienes participaron en del proyecto de manera más directa: Mariona Tella, Mamen Buoué, mi sobrino Salvador Rey, Pere Ballesteros y, claro, Joan Ferré. Pero en particular con Manel Mayol.

A Manel le conocí en otoño de 1993 en Televisió de Catalunya. En ese momento él era uno de los realizadores jóvenes que apuntaban más maneras. Era una estrella emergente. Yo había llegado como guionista novato a un nuevo programa cultural de la mano de Mariona Tella y Vicent Sanchis. Mi experiencia en el mundo audiovisual se limitaba a algunos videoclips realizados en la primera mitad de los 80. En aquel programa había equipos intercambiables de realizadores y guionistas que hacíamos piezas que podían ir de los 10’ a la media hora. La primera idea que propuse fue sobre el rascacielos que supuestamente había proyectado Gaudí para ser construido en Nueva York. Ese primer trabajo lo hice precisamente con Manel Mayol. La cosa acabó fatal. Tremendamente picados el uno con el otro, aseguramos que nunca más volvaríamos a trabajar juntos. Eso lo subrayamos con algunas frases subidas de tono y un mosqueo monumental.

Pocos días después, el 1 de diciembre, yo estaba celebrando mi cumpleaños en el Savanna, un local que por aquel tiempo regentaba mi amigo Aurelio Morata (Rebeldes, Aurelio y los Vagabundos), cuando de repente veo en el otro extremo de la barra a Manel Mayol. Él también me identificó. Nos cruzamos miradas de aquellas que, según Wodehouse, podían abrir una ostra a 100 metros de distancia. Supongo que como todavía teníamos ganas de molestarnos mútuamente con frases ingeniosas, decidimos tomar una copa juntos. Fue entonces cuando descubrimos que nuestros cumpleaños eran consecutivos. Yo estaba acabando de celebrar el mío y Manel estaba empezando con el suyo, que es el 2 de diciembre.

Sabido es que los sagitario podemos ser muy listos, creativos o cualquiera de las cosas que se dicen de nostros, pero lo seguro es que somos un poco descerebrados. Por tanto y a pesar de los vivos resquemores del episodio del rascacielos de Gaudí, acabamos la velada la mar de contentos y dispuestos a embarcarnos en nuevas aventuras.

En Televisió de Catalunya hicimos muchas cosas juntos de las que guardo muy buen recuerdo. Un tiempo después, cuando yo dirigía los canales temáticos de cine de Media Park, vi la posibilidad de realizar nuevos proyectos con Manel y le llamé para hacer una serie de documentales de cine. Desde mi punto de vista el que mejor refleja el espíritu de aquellos años es Llámale Jess. Como casi siempre, lo rodamos con medios escasos. Pero fue algo muy de verdad, que partía de todas marcianadas y planes sensacionales que con Manel habíamos puesto en práctica en proyectos anteriores. Así, ideas como la de los paseos por Torremolinos en los que Jess va pontificando de los temas más diversos, tal vez no se nos hubieran ocurrido sin las experiencias previas. Como una pieza que habíamos hecho con el grupo teatral La Cubana que era un plano secuencia rodado con steadycam.

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